martes, 27 de marzo de 2012

Frío de acero

Una hoja del más fino y filoso acero se asomaba entre su ropa de invierno. Resplandecía con una fuerza muy peculiar. Por momentos parecía ganarle al día, era la luz que acompaña a la oscuridad., para que luego el brillo de sus ojos se extinga.
El cristal que podía ver la pena en el fondo de sus ojos.. se quebró. Ya que no resistía tanto dolor, tanta belleza, tanta injusticia, reflejándose en él.
Una lágrima calló de los tristes ojos y el suelo estalló en un temblor, pues no podía resistir el peso de tanta tristeza sobre sí. Las paredes estáticas no hacían mas que crujir.

Y el sol se cubrió de nubes ... (para no ver).
Cada segundo es mas doloroso, cada día de soledad duele como si una espada sin filo atravesase su espalda.
La vida se hacía insoportable, pero de alguna manera ella debía parar el dolor.

Todo se detuvo nuevamente. El suelo completamente teñido de rojo, cesó su temblor. Las paredes dejaron de crujir -pero el sol no volvió a salir-

Y el cristal donde antes se reflejaban los ojos de la niña, estalló en mil pedazos, esparciendo sus astillas por doquier. Esa tarde se vio caer agua como nunca antes se había visto, y pasó mucho tiempo antes de que el sol de invierno se atreviera a asomarse -una vez mas-

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