lunes, 9 de abril de 2012

Días para no olvidar

Yo y mi valija caminando por una calle (o más bien callecita) llena de árboles, aire puro y gente.
Me corrijo: Yo y mis dos amigas (¿cómo olvidarlas?). Riéndonos, jugando a ser libres; nos perdemos y nos volvemos a encontrar, nada mas divertido que eso.

Nos instalamos, conseguimos un mapa (para no perdernos más, o mejor dicho, para perdernos y después saber como volver). Nos cambiamos las edades, los nombres, los estados... -yo quiero jugar y no me voy a perder esta oportunidad-.

Finalmente llegamos a la gloria: playa, sol, arena y paz. Era de día cuando llegamos, se pasó el mediodía con el sol sobre nuestras cabezas, luego llegó el atardecer, observando cada detalle del sol mientras se ponía.
Más tarde salió la luna, un show inolvidable. (lástima que las fotos no podían apreciar la verdadera belleza del momento). 

Se hicieron las 11 de la noche, había que regresar, nos ingeniamos para saber como hacerlo y lo logramos.

En el camino de regreso pienso en la felicidad que se refleja en mi cara, sabiendo que quedan 2 días mas de puro disfrute.
Intentamos cambiar, revelarnos, y volvemos a la rutina casi sin quererlo -¿a quién queremos engañar?- no somos como todos, somos especiales, raras a veces, no seguimos la corrientes. (sino mas bien todo lo contrario).

Tomamos un helado en el patio a la 1 de la mañana, como si fuese lo mas normal... tapadas hasta la nariz del frío que hacía.
Nos levantamos a las 3 de la mañana para cenar una pizza recalentada que llegó en el medio de la "siesta".
Nos reímos de cosas que solo tienen sentido para nosotras 3, nos alejamos del resto, somos las apartadas, las antisociales... y nos encanta serlo.
Reímos, reímos y reímos.. hasta llorar.

Somos ciclotímicas, recordamos ex novios, ex amigas, anécdotas, recuerdos de la infancia juntas y separadas. Pasamos del llanto a la risa en un minuto.

Con cierta melancolía dejamos pasar los días, las horas y los minutos antes de irnos...
Disfrutamos el viaje de vuelta en micro como nunca, desde siestas, hasta fotos, libros, chistes y más risas.



Y finalmente pienso... Rosario nunca estuvo tan cerca.


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