sábado, 28 de julio de 2012

Pleno Invierno: Nostalgia

Parece que llegó el invierno, qué estación horrible realmente.
Me deprime muchísimo, ¿a quién le puede gustar? En invierno hay días de tanto frío que lo siento hasta en los huesos, hasta en las uñas y los ojos.
Las horas de luz son pocas y el frío continuo, con poco tiempo para estar abrazada a alguien (mi novio - que contrariamente a él le encanta)
El invierno llegó sigiloso este año, casi sin avisar, hizo desaparecer al calorcito deprimiendo a todos.
El invierno es triste, personalmente me produce cierta nostalgia.
¿Qué es la nostalgia? -me pregunto. Es el sufrimiento de reconocer algo que tuviste y ya no tenes, ni vas a tener por lo pronto. La nostalgia es un viaje al pasado, a la niñez, al recuerdo de una persona que ya no esta, a un momento en especial.
En invierno los colores ya no existen, todo es negro, gris o blanco. En invierno veo la vida a través de una ventana. En invierno está la semana de la dulzura, plagada de felices parejas, enamoradas, que se aman, se besan y los dos hermosos -obvio-.
El invierno es la mitad del año, el ocaso de los sueños, es una porquería.
El invierno me pone así: insegura.
Me deprimo, como y engordo lo que como, lógicamente. El invierno me invade, poco a poco, en una angustia inexplicable. El invierno me hace encerrarme en mi casa y en mi alma.

El invierno me desconcierta.
Algunos dicen que la Primavera es el nacimiento, el Verano la vida, el Otoño la agonía y el Invierno...
La muerte.

viernes, 13 de julio de 2012

Unidos

Integrados como un todo: mi carruaje, los caballos, el cochero y YO (como me enseñaron a llamarme: una simple pasajera).


Recorrimos con cierto trabajo el primer tramo del camino. A medida que avanzábamos iba cambiando el entorno y su paisaje. Me detuve por un momento a contemplar las huellas dejadas atrás.
Me siento satisfecha, orgullosa para bien y para mal, mis triunfos y frustraciones ME pertenecen.
De pronto a mi izquierda, por un sendero paralelo al que recorro, percibo una sombre que se mueve por detrás de unos matorrales. Presto atención. Mas adelante veo que es otro carruaje que por su camino avanza en mi misma dirección.
Le pido al cochero que acelere la marcha para ponernos a la par. El carruaje vecino también es tirado por dos caballos y también tiene un cochero llevando las riendas. Sus caballos y los míos suenan como compases entre trotes, como si fueran uno solo.
Estoy tan encantada con la situación que solamente un largo rato después descubro que el otro carruaje también lleva un pasajero.
Ahora lo descubro y lo miro. Veo que él, me está mirando. Como manera de hacerle saber mi alegría le sonrío, y él, desde su ventana, me saluda animadamente con la mano.

Devuelvo el saludo y me animo a susurrarle un tímido “Hola”. 
Misteriosamente, o quizás no tanto, él escucha y contesta:
- Hola. ¿Vas hacia allá? (y señala un sendero en diagonal)
- – contesto con una sorprendente (e increíble) alegría - ¿Vamos juntos?
- Claro – me dice - vamos.

Yo respiro profundo y me siento satisfecha. En todo el camino recorrido no había encontrado nunca a un compañero de ruta. 
Me siento feliz sin saber por qué y, lo mas interesante, sin ningún interés especial en saberlo.




¿Alguna vez conocieron a alguien y se dieron cuenta que los iba a acompañar en su vida por mucho tiempo? 
¿Alguna vez quisieron atarse a alguien para no soltarlo jamás?