sábado, 25 de agosto de 2012

Imaginemos que soy una cámara fotográfica

Me cuesta describirme. Soy una cámara con forma especial, claro... soy única. Hay muchas que se me parecen, pero iguales a mi: solo yo.
Estoy totalmente equipada para cumplir mi objetivo: retratar ese instante de lo que está sucediendo. Ese instante... el instante anterior ya pasó y el próximo todavía no llegó, ambos están fuera de mi alcance (y me gusta que así sea)

Lo importante para ser una buena cámara es conseguir una buena imagen de la realidad.
El mecanismo es el siguiente:
Primero busco aquello que me llama la atención. Lo pongo frente a mi. Mido la distancia que hay entre eso y yo. Elijo una distancia útil (no siempre la distancia que elijo es la misma, a algunas cosas me acerco mas, de otras me mantengo siempre bastante lejos).
Luego con suavidad (porque mi mecanismo es muy suave) incorporo lo exterior a mi interior. Tengo una película muy sensible y puedo sacar muchas fotos. Si bien el rollo de película es casi interminable, mi vida útil como cámara, no. Llegará un momento en que mi existencia terminará. Pensar en eso no me angustia, es parte de mi ser cámara.
Mientras tanto me importa ser cada vez mas fiel a lo que veo. Es cierto, mi imagen de lo exterior nunca será "perfecta", pero en realidad tampoco me importa que lo sea.

Parte de mi equipo es un grupo de lentes y filtros que aumentan mis posibilidades. Hay cosas que los filtros dejan pasar y cosas que no. Esto puede ser muy útil. Por ejemplo impiden que entren cosas dañinas. Permiten también teñir mi impresión de un tono específico. (ver todo rosa, azul, gris - según mi estado de ánimo)

¡Es bárbaro!... Aunque peligroso, si accidentalmente me olvido que es por el filtro que lo veo así.

Los lentes me sirven para aumentar o achicar mi campo perceptivo. Con una de ellas puedo ver el pequeño detalle de las cosas, con otra tengo una vista panorámica y global de los sucesos.
Cada hecho requiere un tiempo diferente para ser registrado, por eso una de mis regulaciones es la del tiempo de exposición. Todos los procesos implican tiempo. Y este depende de la velocidad de los hechos, de su intensidad y de mi interés.

                                             
Cuando algo implica mucho tiempo, recurro a un elemento que llevo conmigo: un trípode. Esto me permite esperar con comodidad un hecho... sin apurarme... sin ansiedad... sin riesgo de retratar lo equivocado, cuando lo que espero sucede.
Cuando estoy paseando sin expectativas, sin objetivos y con la lente al descubierto, puede suceder que se me conecte el disparador automático. De repente siento: Click! y solo después me doy cuenta de lo que incorporé.
Estas fotos suelen ser las mejores, nada programado o intencional, nada voluntario, solo el Click! imprevisto y espontaneo.

Casi me olvido de algo importante: tengo un Tapa. Cuando me la pongo el mundo desaparece y estoy en contacto solo conmigo. Es muy útil para alejarme un poco de lo de afuera y también para descansar.

Es importante tener mucho cuidado con correr la película después de cada foto. ¡Esta es una limitación para tener en cuenta siempre!
Solo puedo sacar una foto por vez.
Cualquier intento de incorporar dos situaciones juntas resultará en una superposición (imagen confusa) o en una foto velada (falta de imagen).
Por suerte, últimamente he logrado incorporarme un dispositivo de seguridad que permite que, hasta no haber terminado todo el proceso con una situación, sea imposible comenzar con otra.


Este dispositivo es una gran ayuda, pero más me gusta tener presente yo misma el límite, no puedo ocuparme de mas de una cosa a la vez.

sábado, 28 de julio de 2012

Pleno Invierno: Nostalgia

Parece que llegó el invierno, qué estación horrible realmente.
Me deprime muchísimo, ¿a quién le puede gustar? En invierno hay días de tanto frío que lo siento hasta en los huesos, hasta en las uñas y los ojos.
Las horas de luz son pocas y el frío continuo, con poco tiempo para estar abrazada a alguien (mi novio - que contrariamente a él le encanta)
El invierno llegó sigiloso este año, casi sin avisar, hizo desaparecer al calorcito deprimiendo a todos.
El invierno es triste, personalmente me produce cierta nostalgia.
¿Qué es la nostalgia? -me pregunto. Es el sufrimiento de reconocer algo que tuviste y ya no tenes, ni vas a tener por lo pronto. La nostalgia es un viaje al pasado, a la niñez, al recuerdo de una persona que ya no esta, a un momento en especial.
En invierno los colores ya no existen, todo es negro, gris o blanco. En invierno veo la vida a través de una ventana. En invierno está la semana de la dulzura, plagada de felices parejas, enamoradas, que se aman, se besan y los dos hermosos -obvio-.
El invierno es la mitad del año, el ocaso de los sueños, es una porquería.
El invierno me pone así: insegura.
Me deprimo, como y engordo lo que como, lógicamente. El invierno me invade, poco a poco, en una angustia inexplicable. El invierno me hace encerrarme en mi casa y en mi alma.

El invierno me desconcierta.
Algunos dicen que la Primavera es el nacimiento, el Verano la vida, el Otoño la agonía y el Invierno...
La muerte.

viernes, 13 de julio de 2012

Unidos

Integrados como un todo: mi carruaje, los caballos, el cochero y YO (como me enseñaron a llamarme: una simple pasajera).


Recorrimos con cierto trabajo el primer tramo del camino. A medida que avanzábamos iba cambiando el entorno y su paisaje. Me detuve por un momento a contemplar las huellas dejadas atrás.
Me siento satisfecha, orgullosa para bien y para mal, mis triunfos y frustraciones ME pertenecen.
De pronto a mi izquierda, por un sendero paralelo al que recorro, percibo una sombre que se mueve por detrás de unos matorrales. Presto atención. Mas adelante veo que es otro carruaje que por su camino avanza en mi misma dirección.
Le pido al cochero que acelere la marcha para ponernos a la par. El carruaje vecino también es tirado por dos caballos y también tiene un cochero llevando las riendas. Sus caballos y los míos suenan como compases entre trotes, como si fueran uno solo.
Estoy tan encantada con la situación que solamente un largo rato después descubro que el otro carruaje también lleva un pasajero.
Ahora lo descubro y lo miro. Veo que él, me está mirando. Como manera de hacerle saber mi alegría le sonrío, y él, desde su ventana, me saluda animadamente con la mano.

Devuelvo el saludo y me animo a susurrarle un tímido “Hola”. 
Misteriosamente, o quizás no tanto, él escucha y contesta:
- Hola. ¿Vas hacia allá? (y señala un sendero en diagonal)
- – contesto con una sorprendente (e increíble) alegría - ¿Vamos juntos?
- Claro – me dice - vamos.

Yo respiro profundo y me siento satisfecha. En todo el camino recorrido no había encontrado nunca a un compañero de ruta. 
Me siento feliz sin saber por qué y, lo mas interesante, sin ningún interés especial en saberlo.




¿Alguna vez conocieron a alguien y se dieron cuenta que los iba a acompañar en su vida por mucho tiempo? 
¿Alguna vez quisieron atarse a alguien para no soltarlo jamás?



domingo, 27 de mayo de 2012

Cabeza en alto

Solía llevar lazos rojos atados a sus dedos.. para no olvidarse de las cosas.
El lazo rojo con un nudo simple, simbolizaba la compra de un elemento.
El lazo rojo con un moño, era para acordarse de llamar a alguien en especial.
El lazo rojo con doble nudo, significaba que tenía que tomar una decisión lo antes posible.

Una vez hasta llegó a llevar todos los dedos atados: Lo olvidaba todo...
Bah, no, todo no. Curiosamente era incapaz de olvidar los errores cometidos, y para eso no le hacía falta ningún lacito atado, ni ninguna referencia para saber que significaba cada nudo.
Seguramente un lazo rojo le ataba el alma para no olvidarse de eso.

Pero hoy, decidió desatarlo. Lo puso en su mesita de luz para no olvidarse cada mañana que tampoco debe olvidarse de ella, y es que, en realidad eso era lo que siempre se olvidaba.


Lección del día: Recuerdense SIEMPRE.




Todas las personas tenemos una sombra. Y la única forma de lograr eliminarla, es apagando la luz. Dejar de escapar de la oscuridad y enfrentar la luz, enfrentar a lo que le tememos. "Cabeza en alto"

domingo, 6 de mayo de 2012

Por siempre juntos


La última vez que te vi, estábamos partidos en dos. Vos me mirabas, yo te miraba. Vos no me soltabas, yo no te soltaba (no podía, lo juro).
Tenías algo especial, pero no podía definir exactamente qué, estabas cubierto de algo que te unía a mi (como una parte mi cuerpo, de mi sangre) y yo tenía eso mismo en mis ojos, pero tuyo. (si, siempre nos complementábamos... desde el principio)
Pero creía por tu expresión, que el amor que había debajo tu corazon era el mismo amor que se escondía bajo el mío.

Es ese extraño sentimiento, que corta en linea recta el corazón. Lo marca para siempre, lo define, le da mas color del que tiene por naturaleza, y lo hace latir como nunca antes (ambos lo pudimos comprobar).
Yo puse mis brazos alrededor tuyo, intentando unirme para siempre...hacerme un nudo al final del abrazo con mis dedos, y pegarlo con pegamento (se nota que tan segura estaba de lo que quería, ¿no?)

Y así quedamos... Unidos hasta el fin.




"Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida solo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacimos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta" John Lennon


sábado, 21 de abril de 2012

Juegos traducidos a la realidad

Esa lágrima fue por esa voz que me habla desde adentro. "Nunca terminás nada, o lo terminas todo a la ligera, no te comprometés con nada, no haces nexos, ¿cuándo vas a crecer?".
Hoy me queres, mañana me odias.
Hoy tocas piano y el mes que viene guitarra.
Hoy estas aca y mañana te despedis del mundo y te vas.
Hoy haces teatro y te encanta, y luego abandonas para preguntarte por qué dejaste algo que te gustaba tanto.
Hoy estas triste y al segundo siguiente, eufórica.
Hoy estas perdidamente enamorada de un hombre y el mes anterior de otro.
Hoy tenías una reunión que esperabas hace meses, y a la media hora regresas a casa porque te molestaba la gente. Mejor me quedo en casa, viendo una película, leyendo un libro o simplemente viendo cómo da vueltas la ropa adentro del lavarropas.

Sube y baja... Sube y baja. La historia de mi vida.

Necesito emociones fuertes. No me es natural eso de estar en paz, en equilibrio (que aburrido!).
Mientras me pregunto ¿qué otras cosas me faltan abandonar a medio camino?
A veces siento que lo único que me falta es abandonarme a mi misma. (pero no puedo).
Eso nunca. Porque entonces... ¿quién seguiría arriba del sube y baja?

¿Quién seguiría soltando una risa a la mañana y una lágrima al mediodía?
¿Sube o Baja?

Hoy: Baja.

lunes, 9 de abril de 2012

Días para no olvidar

Yo y mi valija caminando por una calle (o más bien callecita) llena de árboles, aire puro y gente.
Me corrijo: Yo y mis dos amigas (¿cómo olvidarlas?). Riéndonos, jugando a ser libres; nos perdemos y nos volvemos a encontrar, nada mas divertido que eso.

Nos instalamos, conseguimos un mapa (para no perdernos más, o mejor dicho, para perdernos y después saber como volver). Nos cambiamos las edades, los nombres, los estados... -yo quiero jugar y no me voy a perder esta oportunidad-.

Finalmente llegamos a la gloria: playa, sol, arena y paz. Era de día cuando llegamos, se pasó el mediodía con el sol sobre nuestras cabezas, luego llegó el atardecer, observando cada detalle del sol mientras se ponía.
Más tarde salió la luna, un show inolvidable. (lástima que las fotos no podían apreciar la verdadera belleza del momento). 

Se hicieron las 11 de la noche, había que regresar, nos ingeniamos para saber como hacerlo y lo logramos.

En el camino de regreso pienso en la felicidad que se refleja en mi cara, sabiendo que quedan 2 días mas de puro disfrute.
Intentamos cambiar, revelarnos, y volvemos a la rutina casi sin quererlo -¿a quién queremos engañar?- no somos como todos, somos especiales, raras a veces, no seguimos la corrientes. (sino mas bien todo lo contrario).

Tomamos un helado en el patio a la 1 de la mañana, como si fuese lo mas normal... tapadas hasta la nariz del frío que hacía.
Nos levantamos a las 3 de la mañana para cenar una pizza recalentada que llegó en el medio de la "siesta".
Nos reímos de cosas que solo tienen sentido para nosotras 3, nos alejamos del resto, somos las apartadas, las antisociales... y nos encanta serlo.
Reímos, reímos y reímos.. hasta llorar.

Somos ciclotímicas, recordamos ex novios, ex amigas, anécdotas, recuerdos de la infancia juntas y separadas. Pasamos del llanto a la risa en un minuto.

Con cierta melancolía dejamos pasar los días, las horas y los minutos antes de irnos...
Disfrutamos el viaje de vuelta en micro como nunca, desde siestas, hasta fotos, libros, chistes y más risas.



Y finalmente pienso... Rosario nunca estuvo tan cerca.